Grilla/Acabar

1.

Grilla”, “grillar” y “grillo”: mexicanismos que contienen en sí mismos toda la historia política del siglo XX mexicano. Por supuesto, “grilla” en mexicano no apela a la hembra del “grillo cantor”. No. Es un concepto denso, harto común, pero cuyo significado no puede ser muy antiguo.

Dícese “me lo grillé gacho”, “ese güey es grillísimo”, “hazme la grilla y nos arreglamos”, “la grilla estuvo durísima”, “se grilla solo”. Es claro que significa la suma de lo que en inglés, nuestro latín, se dice “politicking” + ”networking” + ”lobbying” + “con manship” + “maneuvering” + “charming”. “Grillar” connota lo que en distintos castellanos sería embaucar, timar, chantajear, encandilar, apendejar, engatusar, ser chanta, cabildear, pactar, urdir, intrigar, conspirar, manipular…. Con tanta densidad semántica, pues, es extraño que ningún caza-palabras del siglo XIX le echara el guante al terminajo. No aparece ni en los diccionarios de jerigonza criminal.

La palabra podría derivar del ruido que hacen los grillos; la grilla mexicana hace mucho ruido, entonces “grilla” vendría a ser como el sonsonete, toda la noche el cri, cri, cri. No creo en esta explicación. Los diccionarios de argots, español, aragonés y gallego, y de argentinismos del siglo XIX, guardan una sorpresa para los arqueólogos del significado de “grilla” a la mexicana. En 1906, Luis Besses (Diccionario de argot español) registra: “Grilla d. Llavecita para forzar cerraduras”. Aquí, pues, otra clave: grilla en mexicano como la manera para abrir puertas sin usar la llave formal. Pero Besses añade: “pop. ‘esa es grilla’: eso no es verdad”. Esto es, desde el siglo XIX en argot español “grilla” quería decir mentira, y éste es un origen más directo y llano del mexicanismo grillar. Y es el mismo significado que registró en 1859 Gerónimo Borao en sus Voces aragonesas –grilla en aragonés era mentira. Igual significado registra el Diccionario gallego-castellano (1922) de José María Sbarby y Osuna: Grilla = mentira, “Expresión con que se da a entender que no se cree lo que se oye”. Aquí ya estamos en la misma dimensión semántica que el término adquirirá en el siglo XX mexicano. Un diccionario de argentinismos registra la palabra grillaje y afirma que si “grilla” es una mentira, “grillaje” debería ser un conjunto de mentiras pero, aclara el autor, en Buenos Aires grillaje significaba enrejado, vallado (R. Monner Sans, Notas al castellano en la Argentina con un prólogo del Dr. Estanislao S. Zeballos, 1906). En argentino, “grilla” también significa la cuadricula en la traza de la ciudad (como en el título del estupendo libro de Adrián Gorelik, La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires, 1887-1936, 1998). Una última clave: el distinguido folklorista y filólogo español, don Julio Cejador y Frauca, al analizar el lenguaje de Cervantes, repara en el uso del nombre Pero Grullo (como en la frase “Vámonos á acostar Pero Grullo, que cantan los gallos a menudo”). Y añade: “Pero Grullo es un cualquiera, uno del montón, de Pero = Pedro, que se toma por cualquiera y gorullo, gurullo [grumo o bola de harina y aceite] (…) [también conocido] como Pero Grillo, que parece tener relación con la frase ‘eso es grilla’, por no lo creo…” (La lengua de Cervantes; gramática y diccionario de la lengua castellana en el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.t.2, 1880). Lo cual haría que “verdad de Perogrullo”, en mexicano, virara en un hallazgo: “verdad de grillo”; es decir, no hay tal, vamos, pura grilla.

Como mexicanismo, grillo, grilla, grillería, grillismo… nombran el savoir faire político del siglo XX mexicano. Sin respetar ideología o condición social o de género, grilla, ser grillo o grillar fue la sociabilité no-démocratique del siglo XX y, también, del siglo XXI, por la misma razón que la política mexicana sigue siendo sociológica, ontológicamente, príista, con o sin PRI. La grilla es el savoir faire político que, dirían los neuro-científicos, is wired en la mexicanidad. Sin embargo, grilla es sólo una versión específica, mexicana, de algo más universal y compartido.

Cual forma de politicking, la grilla es la mexicana tocada de la misma música que podían tocar grillos del tamaño de Bill Clinton o Borak Obama. En otras latitudes, no obstante, el politicking no deriva en grilla mexicana, sigue otros derroteros, a veces porque se institucionaliza (en Estados Unidos lo que de lobbying hay en grilla está perfectamente institucionalizado, se paga y cobra por “grillarse” a congresistas o presidentes). También, en otras latitudes, el politicking es limitado por lo que en inglés se llama accountability: posibilidad de llamar a cuentas; vamos, hacer que grillar conlleve altas posibilidades de perder. Para tener verdadera grilla con connotaciones mexicana, la posibilidad de perder debe ser mucho menor que la de ganar, y entonces, sí, grilla mía vénganos tu reino.

Por contribuir a la historia futura de este mexicanismo, digo que grilla:

  • Es una mentira, un embuste, es embaucar, convencer o comprometer a alguien a acción que, por medios no grillos, resultaría inalcanzable. Por tanto, implica charm y labia; involucra corrupción pero, en la verdadera grilla, la corrupción sella, no hace los pactos. Porque…
  • Lo que está en juego en la grilla no es el dinero sino el poder; grilla es la idiosincrática lucha por el poder antes de llegar a la pistola, pero más allá de las limitaciones de marcos normativos (aunque la grilla se juega con los marcos normativos en la cabeza).
  • Es cosa política, pero no se limita a la Política con mayúscula. Es decir, como toda organización humana es política, se grilla en la universidad, en la fábrica, en la oficina, en la iglesia.
  • Aunque requiere de astucia y de compromiso, la grilla no es sinónimo de sano pragmatismo o de Realpolitik porque la grilla, bien llevada, es ante todo auto-grilla. Esto es, para hacer grilla, grilla de la buena la politiquería se carga de auto-embuste. Por ello el grillo mexicano siempre viste traje de principios, de dignidad. Y se lo creen. El grillo es el gusano capaz de saberse siempre y en potencia mariposa.
  • La grilla a la mexicana nació, creció y crece en el fértil suelo de la inequidad; para existir requiere de distribuir favores, dineros y prestigios, pero a la perfecta escala de la desigualdad. Es decir, cierto: en cualquier país todos tienen un precio, lo importante es tener un buen precio. En la feudalidad mexicana, el precio es variable, dependiendo de linaje y, en general, tiende a ser bajo (porque los pobres son muchos). Para grillar no hay que engañar diciendo doy o no doy X, sino hay que tener la posibilidad alcanzar gran riqueza pagando un X muy barato que de lugar al embauque.  Así, la grilla es de lo poco que no respeta clase social, grillos los hay que son banqueros y que son vendedores ambulantes. La grilla se hace posible porque el banquero, para grillarse al cajero, con ponerlo primero en la lista del INFONAVIT, con eso basta. A según el sapo la pedrada. Un rector de universidad estatal mexicana se grilla al profesorado con viajecitos y viáticos, y los profesores felices y bien grillados. Todo a escala. La escala hace de la grilla ambas cosas: posible y permeable; constante y predominante.
  • La desigualdad también transforma la politiquería mexicana en grilla a razón del bajo costo de entrada. Es decir, en cualquier ambiente político hay un costo que pagar para entrar a politiquear. Hablo de lo que sé: para ser rector de Harvard o Princeton hay que grillar a pecho abierto. Pero el costo inicial es alto: al menos hay que tener un doctorado, haber publicado un mínimo (alto) de trabajos importantes en alguna disciplina, tener experiencia administrativa y saber sacar dinero a los ricos. La grilla mexicana hace posible que un grillo pueda ser rector de universidad estatal con cualquier o sin doctorado, sin haber publicado nada y sin otra experiencia que la grilla misma. Porque todo se grilla, el puesto, los honores, los títulos, los premios… La grilla mexicana hizo posible que tuviéramos un Secretario de Educación que decíase doctor, y no tenía ni licenciatura porque…
  • La grilla no es máscara, es la facultad de no tener cara. La máscara vira en el rostro que se va cambiando al ritmo de la grilla. No hay falsía, porque detrás no hay nada más que grilla. Hace décadas, la grilla parecía tener rostro fijo, por ejemplo, en las caricaturas de Rius. Pero la grilla no tiene cara, la apersona un graduado de Yale con pinta de hípster o uno u otro miembro de todas las academias del país, unos con porte desvencijado, otros con rostros de santo. Es decir, un grillo es, ante todo, grillo, y lo único que tiene que probar es que grilla, que reparte pastel a la escala de la desigualdad y entonces es doctor, genio o lo que diga ser.
  • La diferencia entre grillo y tecnócrata es la mayor grilla que la grilla ha urdido. En México, se grilla todo, hasta la condición de experto. Hay tecnócratas grillísimos y están en el poder. Si no están en el poder, serán lo que sea pero no son muy buenos grillos. No hay escape de la grilla por decir “yo se de esto y nada más” porque la grilla ha hecho que nadie sepa sólo de una cosa. Grillar es ser capaz de hablar de lo que sea.
  • La grilla es negociación, pero sólo funciona en ordenes machines donde en algún momento el grillo pueda decir “aquí sólo mis chicarrones truenan”; es decir, en la desigualdad del hogar, del barrio, de la ciudad, del país.
  • Lo dicho: la grilla implica un alto grado de unaccountability. Los verdaderos grillos son como Jalisco, nunca pierden, y pueden ser políticos o intelectuales; si los aires cambian, el intelectual nunca dijo lo que dijo, lo malentendieron, para eso es grillo, para grillar de nuevo, y hay políticos que han pasado por todos los partidos y aún guardan su cuota de impostura y dignidad. Se grilla para llegar a la meta (el poder), pero el poder está en el camino; puede uno ganar más o menos poder, pero la grilla es el fin en sí mismo.

2.

Ahora bien, “¿La grilla acaba? No y sí. Hay que analizar, si sólo porque me viene en gana, el peculiar uso mexicano del verbo acabar.

Acabar es palabra castiza sin mucha marca mexicana. Pero en México ha tenido su peculiar uso y abuso. Entremos en materia: cuando el Príncipe de la Canción, José José, cantaba “El amor acaba”, ¿qué quería decir? Que el amor cansa, agota, o que el amor termina, concluye. Del amor puede decirse, con solidez empírica, ambas cosas: “todo en el amor es triste y triste y todo es lo mejor que existe”. Pero la mexicana palabrería se siente cómoda en esta ambigüedad del verbo “acabar” y encuentra innumerables usos para “acabar” como agotar, consumir, finalizar, cansar, terminar, apurar. Don Joaquín García Icazbalceta en su Vocabulario de mejicanismos (1899) definía el término como si reparando en “El amor acaba”: “desfallecer, rendirse de fatiga a fuerza de ejercitar con ahínco una acción que denota afecto de ánimo, y también recibir los efectos de esa acción”. Y ponía como ejemplos de “acabar” sus usos con proposiciones (acabar a, acabar con, acabar de): “ese niño se acaba a gritos, y su mamá se lo acaba a besos: yo me acababa a ruegos”. Don Rufino José Cuervo, el gran filólogo colombiano, en su Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana (1886-1893), dedicó tres páginas a doble columna al verbo acabar: “El valor fundamental es llevar ó llegar al cabo (…), o sea al fin que una cosa naturalmente tiene, que naturalmente le corresponde. Las acepciones se dividen en dos series, de las cuales la primera da la idea general de llevar al cabo o fin, y la segunda la de llegar al cabo o fin; éstas se subdividen á su vez en dos, según que la acción ejecutada tiene por resultado el con perfección de un objeto, o bien su destrucción ó desaparecimiento”. La cosa fue tan enredada que el filólogo alemán más importante de fines del sigo XIX, Hugo Schuchardt, escribió a Cuervo sus aclaraciones: “Al explicar acabarse como hice me había inducido el alemán en que sich endigen no puede ser otro que transitivo (sich acusativo) siendo endigen por sí así transitivo como intransitivo ( = fr. finir = esp. acabar). Luego había considerado la construcción transitiva de acabar como la primitiva y principal. También morir es transitivo; pero en morirse se sin duda significa sibi (cf. fran. se mourir)” (sic) (carta H. Schuchardt a R. J. Cuervo, 13 julio de 1884). He aquí que la jerigonza mexicana se monta bien en tanta confusión y usa el término inclusive en reflexivo existencial como en la vieja tonada: “si yo fuera tecolote, no me cansaría [o no me ocuparía] en volar”, “me estaría en mi nidito” “acabándome de criar,/ acabándome de criar”.

En efecto, para la labia mexicana “acabar” no es sólo poner fin a algo, sino también apurar algo, consumirlo, hacer algo bien hecho, bien acabado, ofender, matar, conseguir, rematar, extinguirse, aniquilarse: “acaba de una vez, de un solo golpe, que sea tu cruel adiós mi navidad”. Porque acabar es un cansarse más un terminarse más un “ya merito” como en el corrido de Arnulfo González: “Oiga amigo no se vaya,/ acábeme de matar”. Como es sabido, Arnulfo se devolvió, “a darle un tiro en la frente” al teniente, “pero en la vuelta que dio, ahí le pegó al teniente”. Los dos acabaron y el corrido acaba alabando a los hombres valientes que saben acabarse mutuamente. Por último, en mexicano “acabar” también significa “cosa a medías o con urgencia, como en “acabandito de llegar” (en el momento exacto de llegar) o “espera estoy acabandito” (ya casi termino).

3.

Regreso. ¿La grilla acaba? Por seguro la acabada grilla acaba (agota, cansa), eso está claro; pero no acaba, no termina. Si las condiciones de su existencia no han cambiado y si alguien cree en poder sin grilla, es que se lo han grillado o que está grillando.